—Pero, señor... (observó el Sr. Juan López, poniéndose 95-25
de rodillas).—¡Perdone Usía que lo haya
maltratado! ¿Cómo había de conocer a Usía con esa
ropa tan ordinaria?

—¡Bárbaro! (replicó el Corregidor): ¡alguna había
de ponerme! ¿No sabes que me han robado la mía? 95-30
¿No sabes que una compañía de ladrones, mandada por
el tío Lucas...

—¡Miente V.!—gritó la navarra.

—Escúcheme V., señá Frasquita (le dijo Garduña,
llamándola aparte).—Con permiso del señor Corregidor 96-5
y la compaña...—¡Si V. no arregla esto, nos van
a ahorcar a todos, empezando por el tío Lucas!...

—Pues ¿qué ocurre?—preguntó la señá Frasquita.

—Que el tío Lucas anda a estas horas por la Ciudad
vestido de Corregidor..., y que Dios sabe si habrá 96-10
llegado con su disfraz hasta el propio dormitorio de la
Corregidora.

Y el Alguacil le refirió en cuatro palabras todo lo que
ya sabemos.

—¡Jesús! (exclamó la Molinera). ¡Conque mi marido 96-15
me cree deshonrada! ¡Conque ha ido a la Ciudad
a vengarse!—¡Vamos, vamos a la Ciudad, y justificadme
a los ojos de mi Lucas!

—¡Vamos a la Ciudad, e impidamos que ese hombre
hable con mi mujer y le cuente todas las majaderías que 96-20
se haya figurado! (dijo el Corregidor, arrimándose a
una de las burras).—Deme V. un pie para montar,
señor Alcalde.

—Vamos a la Ciudad, sí... (añadió Garduña); ¡y
quiera el cielo, señor Corregidor, que el tío Lucas, 96-25
amparado por su vestimenta, se haya contentado con
hablarle a la Señora!