La pared que da al Norte, sólo es notable por lindar con el muro de la iglesia y porque en aquel lado del salón-mirador hay una pequeña y preciosa fuente, labrada en la forma y estilo de las que adornan los paseos públicos ó los jardines de los palacios.

Esta fuente tendrá unas dos varas y media de altura, y se compone de un pilar redondo, del centro del cual sale un recio fuste ó árbol, que luego se convierte en gracioso grupo de niños, muy bien esculpido; todo ello de una sola pieza y de piedra bastante parecida al mármol, aunque de la especie granítica. El grupo de niños sostiene una taza redonda, de la cual fluye por cuatro caños un agua cristalina, sumamente celebrada por sus virtudes higiénicas.—El Emperador no bebía otra, y nosotros la probamos también, aunque llevábamos á bordo un vino de primer orden.

Porque debemos advertir que, mientras llegaba ó no llegaba el Sr. Administrador, nos permitimos desplegar las provisiones que habíamos sacado del Baldío y almorzar como unos..... jerónimos, haciendo mesa del poyo de piedra en que se encaramaba el Emperador para montar en la jaquilla ó en la mula.....—Pero, volviendo á la fuente, diré que del libro de Fr. Luis de Santa María (que después leímos) consta que «se la regaló á Carlos V el ilustre Ayuntamiento de la ciudad de Plasencia».

Vamos á la cuarta pared.—En ella está la puerta de entrada al Palacio, y á su lado existe hoy un banco muy viejo de madera (en el mismo lugar que había antes un asiento de piedra), sobre el cual se lee la siguiente inscripción, pintada en la pared en caracteres del siglo xvi muchas veces retocados:

«Su Mag.ª El Emper.or D. Carlos
Quinto nro. Señor en este lugar
estava asentado quando le dió
el mal á los treynta y uno
de Agosto á las quatro de la
tarde.—Fallesció á los Veinte
y uno de Septiembre á las dos
y media de la mañana. Año
del S.or
de 1558.»

El mal á que alude la precedente inscripción consistió en que, habiendo comido al sol Carlos V, en aquel propio salón-mirador, sintióse acometido de frío, no bien dejó la mesa, y luego le entró calentura.—«Pónenos en cuidado (escribía dos días después su mayordomo Luis Quijada á Juan Vázquez de Molina[8]), porque ha muchos años que á S. M. no le ha acudido calentura con frío sin accidente de gota. El frío casi lo tuvo delante de mí todo; mas no fué grande, puesto que tembló algún tanto; duró casi tres horas la calentura: no es mucha, aunque en todo me remito al doctor, que escribirá más largo.—Yo temo que este accidente sobrevino de comer antier en un terrado cubierto, y hacía sol, y reverberaba allí mucho, y estuvo en él hasta las cuatro de la tarde, y de allí se levantó con un poco dolor de cabeza y aquella noche durmió mal.»

Esta carta es de 1.º de Septiembre.—Por consiguiente, la inscripción preinserta está equivocada, y donde dice 31 de Agosto debe leerse 30 de Agosto.

Sobre ella se ven las armas imperiales, pintadas en la pared; obra, sin duda, del mismo autor de aquella leyenda conmemorativa.

Con lo cual terminan todas las cosas que hay que notar en el salón-mirador ó vestíbulo del humilde Palacio de Yuste.

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