Admiramos los magníficos artesanados de aquellos techos. Visitamos la Capilla pontificia, y en ella adoramos los restos de Fray Luis de León, encontrados hace doce años en las ruinas de su convento de San Agustín (de que ya sólo queda el sitio en la ciudad del Tormes), y guardados hoy en decorosa urna de mármoles blanco y negro, que ocupa una hornacina de dicha capilla.—Y del propio modo, ó sea con igual veneración que ya habíamos visto la estatua y la tumba del gran maestro, vimos después su aula y su cátedra.....

El aula tiene los mismos bancos de tosco pino en que se sentaron los discípulos de Fray Luis. Dichos bancos se reducen á una viga sin alisar, para asiento, y otra por delante para apoyar el libro. Estas segundas vigas están muy labradas por los cortaplumas de los estudiantes, que han tallado en ellas, durante siglos, iniciales, fechas, cruces y caricaturas.

La cátedra es también de pino viejo; pero no nos pareció contemporánea del autor de la Profecía del Tajo, sino mucho más moderna.—De cualquier modo, en aquel paraje fué donde exclamó: «Decíamos ayer.....» al reanudar, después de largos años de cautiverio, sus lecciones de Teología y de Literatura Sagrada.

Mucho hablamos allí y muchísimo más nos quedó que hablar acerca del célebre agustino, de sus inspiradas poesías, de sus hermosos escritos en prosa, del error en que se estuvo mucho tiempo creyéndolo hijo de Granada, por haberlo confundido con el otro insigne Fray Luis, y del excelente drama del segundo Marqués de Gerona, titulado Fray Luis de León.....

—Pero ya se había concluído el besamanos; eran las dos, y decidimos ir á buscar, sin pérdida de tiempo, al amigo Frontaura, al festivo autor de El Caballero particular, al ingenioso director de El Cascabel, al muy bien conceptuado Gobernador de Salamanca, que nada sabría (tal ilusión nos halagaba por lo menos) de nuestra estancia en la capital de sus dominios.

IX

LAS DOS CATEDRALES.—EL CONVENTO DE SANTO DOMINGO.—EL TORMES.—LA ARCADIA SALMANTINA.—UNA VISITA A LA ANTIGUA ESPAÑOLA.

¡Maldición! (como diría un poeta romántico).

¡Frontaura lo sabía todo, y sus polizontes nos buscaban por Salamanca hacía ya dos horas!

Grande fué el regocijo del famoso escritor al encontrarse con gente madrileña. En seguida resignó el mando, por decirlo así, y se agregó á nuestra correría artístico-poética, cuya dirección en jefe llevaba Losada.