Fuera ya de ambas Catedrales, las contemplamos todavía largo tiempo y á cierta distancia, admirando el grandioso golpe de vista que ofrecen juntas y como en anfiteatro sobre la colina en que se asientan. Parece aquello una montaña arquitectónica, como las labradas por los indios del Himalaya.—Al propio tiempo veíamos en otros lados y en vasto panorama el enorme Colegio de San Bartolomé (hoy Gobierno civil), con su gigantesco pórtico greco-romano; la suntuosa Iglesia de Santo Domingo, dominando gallardamente otra colina y reflejando la luz del sol en su cúpula cuadrada y roja; la cúpula y las torres de los Jesuítas; la gran mole de la Universidad, y otros colosales edificios de piedra.—¡Era un cuadro verdaderamente cesáreo, de olímpica grandiosidad!..... Era una nueva justificación del dictado de Roma la Chica que lleva Salamanca.

Porque debo advertir que aquella augusta decoración, en su magnífico y vistoso conjunto, no tenía carácter gótico, castellano ni leonés, bien que algunos de sus componentes fueran del estilo ojival. ¡Salamanca es la única ciudad del Norte y del Oeste de España que ostenta dignamente el esplendor imperial austriaco, de que tan soberana muestra quedó en el Alcázar de Toledo!—Y esto sin perjuicio de tener otros aspectos diferentes, como ya hemos notado al examinar sus calles de la Edad Media y sus templos y palacios góticos ó platerescos.....—¡Salamanca es multiforme!

Ejemplo de esta variedad de sus formas:—Por darnos gusto á los que deseábamos contemplar, no sólo monumentos artísticos, sino también cuadros poéticos, la expedición se trasladó desde aquel pasaje de tan majestuosa perspectiva, á otro lado de los barrios muertos de la ciudad, bastándonos para ello andar muy pocos pasos. Nos encontramos, pues, de pronto en unas plazuelas y calles completamente solas (calle del Silencio se llamaba una de ellas), donde no vivía nadie ni parecía haber corrido el tiempo desde el siglo xv.

Aquélla era, en verdad, la Salamanca fantástica que recorrió el D. Félix de Montemar de Espronceda, cuando iba en pos del blanco espectro de Doña Elvira.....

Cruzan tristes calles,
Plazas solitarias,
Arruinados muros.....
Etc., etc.

Aquellos eran los campanarios que lo seguían, agitando sus esquilones,

Como mulas de alquiler
Andando con campanillas.....

Y allí estaba el Cristo cuya mortecina luz reflejó en el ensangrentado acero del Estudiante.....

Mientras yo pensaba todo esto, nuestros bondadosos guías nos enseñaban la casa, hoy muda, donde falleció en 1842 el célebre compositor Doyagüe, último catedrático de Música de Salamanca, cuyos restos fueron trasladados á Madrid y paseados por las calles, de orden del inolvidable Ruiz Zorrilla, con destino al Panteón Nacional.....

Y á propósito: aquellos y otros huesos de hombres insignes están todavía, á la hora presente, arrinconados é insepultos en San Francisco el Grande, sin que nadie piense ya en construir tal Panteón.....—¿No habrá un alma caritativa que haga la obra de misericordia de enterrar á los muertos, ó sea de volver á enviar las cenizas de dichos varones ilustres á las sepulturas en que esperaban tranquilamente la trompeta del Juicio Final cuando fué á despertarlos el himno de Riego?