Salimos al fin de la población por la puerta llamada de Aníbal, bajando una pendientísima cuesta hasta llegar al famoso Puente Romano.—¡Cartago! ¡Roma!..... ¡Todas las grandezas históricas van unidas á la de Salamanca!—El Tormes sabe tanto de mundo como el Tíber.
El nobilísimo río español llevaba aquella tarde bastante agua, y sus orillas, cubiertas de acacias y de otros árboles, no carecían de encanto ni de belleza..... De entre lo más espeso de aquella pintoresca fronda salía mansamente el arroyo Zurguén, que baja de las históricas alturas de Arapiles y penetra en el Tormes, después de haber regado el precioso valle cantado por Iglesias y por Meléndez Valdés.
El Valle de Zurguén y las Praderas de Otea, lindantes también con Salamanca por el otro lado del río, son la Arcadia de la poesía pastoril española.....
Venid, venid, zagalejos,
Que al Zurguén sale Amarilis......,
decía Iglesias. Y casi en los mismos años denominaba Meléndez á su amada:
La gloria del Tormes,
La flor del Zurguén.
En cuanto al Puente, construído, dicen, por Domiciano, restaurado por Trajano y recompuesto más tarde por nuestro Felipe IV de Austria, mide 176 metros de longitud y cerca de cuatro de anchura.—Por él pasaba la calzada romana de la Plata, que iba de Mérida á Zaragoza.
Al otro lado del Puente hay, ó hubo, un barrio, frustrado varias veces por las inundaciones, en el cual no quedan ni señales del Hospital de Leprosos, de la Mancebía pública ni del Cementerio de Judíos, que existieron allí algún tiempo.—¡Malhadado arrabal, á fe mía! ¡Sirvió de albergue á deicidas, rameras y leprosos, ó sea á tres lepras diferentes, y luego se lo llevó todo el agua!..... ¡Verdaderamente, el cataclismo fué muy justo!
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Desde el Tormes subimos á visitar al ya citado señor chantre D. Camilo Álvarez de Castro, cuya casa y huerto se divisaban á una grande altura sobre nuestra cabeza, pues se apoyan en la antigua muralla de Salamanca y tienen vistas al río.