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BARRIOS ARRUINADOS.—EL COLEGIO DEL ARZOBISPO.—LOS ESTUDIANTES IRLANDESES.—EL PALACIO DE MONTEREY.—LA CASA DE LAS MUERTES.—EL CONVENTO DE LAS AGUSTINAS.—UN CUADRO DE RIVERA.
Serían las siete de la siguiente mañana cuando atravesábamos la Plaza Mayor.—También el sol acababa de penetrar en ella (el mismo sol que habíamos creído ver morir la tarde antes), y sus alegres rayos doraban gozosamente las copas de los árboles municipales.
Todas las criadas de Salamanca iban á la compra ó volvían de ella..... Un organillo ambulante tocaba la romanza de la tisis de la Traviata..... Los gorriones cruzaban regocijados por un cielo limpio de nubes..... Las campanas tocaban pacíficamente á misa.....
En cuanto á nosotros, puedo decir que, para estar muy contentos en aquel instante, solamente nos estorbaban veinte ó treinta de los años ya vividos..... ¡Cualquiera de los cuatro hubiera querido ser gorrión, el muchacho que tocaba el organillo, una de aquellas presumidas fámulas, ó aquel rubicundo sol que, como un eterno Fausto, torna á ser joven todas las mañanas!
Pero ¿qué responder al señor chantre, si por acaso lee estos renglones?—¡Perdóneme el reverdecimiento extemporáneo que denotan las anteriores frases, y crea que á mí también se me alcanza, aunque no lo practique, que lo mejor de todo es envejecer y morir tan santamente como envejece y morirá su señoría!
Conque dejémonos de frivolidades, y refiramos lisa y llanamente nuestra expedición de aquella mañana.
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Nos dirigíamos á ver una de las primeras maravillas arquitectónicas de Salamanca, ó sea el famoso Colegio del Arzobispo, hoy todavía habitado por estudiantes irlandeses.
Para ir á él, pasamos por un barrio feísimo, triste y solitario, compuesto de irregulares casuchas, hechas con escombros de insignes ruinas..... ¡Oh profanación!..... Piedras de diferentes arcos, nobles columnas tomadas de acá y de allá, maderas sueltas de antiguos artesonados, y otros restos de soberbias construcciones, habían servido para zurcir aquellos pobres edificios.—Barrio de las Peñuelas de San Blas, nos dijo un muchacho que se llamaba el tal paraje.