1878.

LA GRANADINA [15]

PROGRAMA

upongo que los panegiristas de Las Mujeres españolas que preceden á La Mujer de Granada en el orden alfabético, habrán escrito ya más de una disertación sobre la mujer en general, comparada con el hombre, y sobre las españolas ó ibéricas en particular, comparadas con las hembras de otros países. A mayor abundamiento, el ilustre redactor[16] del Prólogo capital de la obra ha sabido, como no podía menos tratándose de pensador tan profundo, desempeñar magistralmente la parte sinfónica de esta composición, sin que á su mirada comprensiva se obscurezca ninguno de los aspectos sumarios del asunto, ni en la esfera filosófica, ni en la moral, ni en la meramente literaria.

Véome, pues, por fortuna, dispensado de establecer aquí temerarios y abstrusos prolegómenos, á medida de mis intereses, respecto de las candentes cuestiones genéricas y diferenciales que ventilan hace 5856 años los dos sexos beligerantes en que se divide la especie humana, y dispensado también de definir, á medida de mis afectos, si la mujer blanca es superior ó inferior á la negra, la roja, la morena y la amarilla, ó si entre las blancas debemos preferir la europea, y entre las europeas á la latina, entre las latinas á la católica, y entre las católicas á la ibérica, todo ello (¡gran iniquidad!) sin audiencia de las pobres agraviadas.—En cambio, y aunque supongo también que otros de mis colegas lo habrán hecho, no puedo menos de discurrir un poco, por vía de Introducción, acerca de los inconvenientes con que tropezamos los autores de estas monografías al pretender clasificar á las mujeres de cada una de las actuales Provincias de España en una casilla aparte, que delimite técnicamente pretendidas variedades de su naturaleza ó de sus costumbres.

Estuviera aún dividida España al tenor de los antiguos reinos, ó de las vulgares y significativas denominaciones de Mancha, Rioja, Alcarria, Alpujarra, etc., etc., y sería obvio, en la mayor parte de los casos, trazar lindes y fijar término á los diversos hábitos y usos, á los varios caracteres y á las distintas cualidades intrínsecas que constituyen todavía (pésele al nivelador ferrocarril y á la uniformidad democrática) la pintoresca heterogeneidad de la población de nuestro suelo, rico también de contrastes topográficos y pictóricos. Pero la prosaica y anti-artística Administración, al hacer la vigente demarcación de Provincias, no tuvo ni pudo tener en cuenta (lo reconozco imparcialmente) la historia, las tradiciones y las prácticas de cada región para encerrarla en sus efectivas fronteras, sino que atropelló por todo y cortó por lo sano, como la expropiación forzosa, mutilando y desorganizando ciertas aglomeraciones etnográficas, legendarias ó políticas, que venían á ser el sistema ganglional de nuestro pueblo, y de aquí ha resultado (perjuicio baladí para la Administración, y acaso trascendentalísimo á los ojos de los verdaderos estadistas) la disgregación y dislocación de muchos intereses y sentimientos que eran al par efecto y causa del inveterado organismo geográfico, resultando también (y es lo que en este punto nos importa discernir) esa fría pléyade de Provincias de oficio que tan pobremente brillan á los ojos del artista ó del poeta, por ser las unas idénticas á sus adyacentes, por ser otras pedazos arrancados á un antiguo nobilísimo reino, y por ser no pocas meros caprichos arbitrarios, sin blasón ni carácter propios.