De Valladolid á Palencia hay nueve leguas..... Corren paralelamente este trayecto la carretera, el canal de Castilla, el ferrocarril de Isabel II, el Telégrafo eléctrico y el río Pisuerga.—Estas cinco vías se acercan unas á otras hasta el punto de hallarse unidas en algunos sitios dentro de cien varas de anchura.

En un lado divisé el castillo de Dueñas, donde se verificó el casamiento de Doña Juana la Loca; en otro el castillo de Tariego, al que se acogió el Rey D. Ramiro después de una derrota; allá Torquemada, cuna de Zorrilla; acá el pueblo de Baños, donde los tomaba el Rey Recesvinto; por una parte, fábricas de harinas, también históricas, como que fueron teatro de los famosos incendios de 1856; por otra, los productivos campos de Castilla la Vieja, que se parecen al carácter de sus habitantes en que, sin galas ni lujo de expresión, dan lo que prometen y es una verdad lo que producen.

Cerca de la confluencia del río Carrión con el Pisuerga hállase un Monasterio de Agustinos, en el que sólo queda con vida una campana. Rodéanlo dos ó tres casas de pobrísima apariencia, y todo ello se llama Ventas de San Isidro de Dueñas.—No lejos de Venta de Baños dicen que hay una Capilla bizantina, del tiempo de Recesvinto.

En estas Ventas se juntarán con el tiempo varios ferrocarriles. Por consiguiente, allí habrá algún día un pueblo que empezará por una fonda, un hospital y una estación, se aumentará con una cárcel y un café, llegará á tener su mercado y su iglesia, aspirará luego á teatro y plaza de toros, y concluirá por reclamar su Alcalde Corregidor.....

Pensando así, iba yo dejando á la izquierda el riquísimo Monte de Palencia, cedido por D.ª Urraca á los pobres de esta Ciudad, quienes ciertos días del año tienen todavía derecho á cortar todo lo que pueden llevarse á cuestas.....—¡Y habrá quien se atreva á desamortizar aquel terreno!.....—¿Cuándo cesará la imprudentísima campaña de la clase media contra la clase pobre?

IV

Desde que se entra en la provincia de Palencia el suelo se quebranta y empieza á rizarse en valles y colinas. Las llanuras castellanas se accidentan, que diría un francés. Todo anuncia la proximidad de las grandes montañas cantábricas.

Cerca de anochecer llegué á la antiquísima ciudad de Palencia, cuya calle Mayor pudiera compararse en longitud—ya que ni por asomo en hermosura—á la calle de Rivoli de París. Toda es de columnas y pilastras, que forman soportales de forma irregular. Pasarán de mil estos informes pilares de piedra que sostienen viejísimas casas cargadas de escudos heráldicos.

Pero ¡ay! por dondequiera que voy, veo caerse á pedazos las más antiguas ciudades..... El prurito de derribar para ensanchar ó reedificar, que se ha apoderado de Madrid, trasciende ya á las más apartadas y sedentarias villas.....—Mucho ganará en ello, no la higiene, sino el ornato público; pero mucho perderán el arte, la historia y la poesía.....—Dígolo, porque, en medio de aquellos nobles caserones de Palencia, están ya levantando algunas jaulas de cinco pisos, para diez familias y al estilo francés, que ponen espanto á los extravagantes como yo, enamorados de lo viejo, tradicional y castizo, y sobre todo de la libertad y la holgura.

—Pero es el caso que los edificios viejos llegarían á hundirse y á aplastar á sus moradores.....—me observará alguno que presuma de lógico.