Y él, de su furor llevado,

Entre asombros y delitos,

Habia de poner en mí

Las plantas, y yo rendido

A sus piés me habia de ver,

(¡Con qué vergüenza lo digo!)

Siendo alfombra de sus plantas

Las canas del rostro mio.

¿Quién no da crédito al daño,

Y más al daño que ha visto