Que no sean de amor dulces despojos;
Nada oigan sus oidos,
Que no sean de amor tiernos gemidos;
Porque sin que defensa en su fe tenga,
Hoy á buscar á Ciprïano venga,
De su ciencia invocada,
Y de mi ciego espíritu guiada.
Empezad, que yo en tanto
Callaré, porque empiece vuestro canto.
(Vase.)