No podrás... Mas ¡ay de mí!
¿Á quien estas voces doy?
¿No estaba ahora un hombre aquí?
Sí. Mas no: yo sola estoy:
No. Mas sí, pues yo le ví.
¿Por dónde se fué tan presto?
¿Si le engendró mi temor?
Mi peligro es manifiesto.—
¡Lisandro, padre, señor! (A voces.)
¡Livia!