No.

Ciprian.

Pues ya ¿qué dudo?

No ociosamente en mi mano

Esté aqueste acero agudo;

Pasándome el pecho, sea

Mi voluntario verdugo.

Mas ¿qué digo? Quien de tí

Librar á Justina pudo,

¿A mí no podrá librarme?