Primero, gran señor, mi pecho fuerte,

Que es muro de diamante,

Tu vida guardará puesto delante.

¡Ea, Fernando mio,

Muéstrese ahora el heredado brío!

Rey.

Si esto escucho, ¿qué espero?

Suspéndanse las armas, que no quiero

Hoy más felice gloria;

Que este preso me basta por victoria.