Hoy cadáver y ayer flor,
No permanece jamás,
Y así os mudará de estado.—
¡Ay Dios! que al necesitado
Darle consejo no más,
No es prudencia; y en verdad,
Que aunque quiera regalaros,
No tengo esta vez qué daros:
Mis amigos, perdonad.
Ya de Portugal espero