Y poniéndole en un coche,
Hasta tu cuarto le llevan,
Donde prevenida estaba
La majestad y grandeza
Que es digna de su persona.
Allí en tu cama le acuestan,
Donde al tiempo que el letargo
Haya perdido la fuerza,
Como á tí mismo, señor,
Le sirvan, que así lo ordenas.