Que mi voz no la procura;

Que bien sé que he de morir

De esta enfermedad que turba

Mis sentidos, que mis miembros

Discurre helada y caduca.

Bien sé que herido de muerte

Estoy, porque no pronuncia

Voz la lengua, cuyo aliento

No sea una espada aguda.

Bien sé al fin que soy mortal,