Pues yo defiendo la suya.

Rey.

¿Posible es que en tales penas

Blasones y te consueles,

Siendo propias? ¿Qué condenas,

No me duelan, siendo ajenas,

Si tú de tí no te dueles?

Que pues tu muerte causó

Tu misma mano y yo no,

No esperes piedad de mí;