¿Quién detener de un rio la corriente

Que corre al mar soberbio y despeñado?

¿Quién un peñasco suspender valiente

De la cima de un monte desgajado?

Pues todo fácil de parar se mira,

Mas que de un vulgo la soberbia ira.

Dígalo en bandos el rumor partido,

Pues se oye resonar en lo profundo

De los montes el eco repetido,

Unos ¡Astolfo! y otros ¡Segismundo!