El libro, en fin, se llama
«Milagros de la Cruz.»
Eusebio.
¡Qué bien la llama
De aquel plomo inclemente,
Más que la cera, se mostró obediente!
¡Pluguiera á Dios, mi mano,
Ántes que blanco su papel hiciera
De aquel golpe tirano,
Entre su fuego ardiera!