Airado el cielo conmigo,
Curcio, en haberte encontrado;
Porque si tu pecho vino
Ofendido, volverá
Castigado y ofendido.
Aunque no sé qué respeto
Has puesto en mí, que he temido
Más tu enojo que tu acero:
Y aunque pudieran tus bríos
Darme temor, sólo temo