Jóven era, cuando á Roma
Llegó encubierto el prudente
Alejandro, papa nuestro,
Que la apostólica sede
Gobernaba, sin tener
Donde tenerla pudiese;
Que como la tiranía
De los gentiles crueles
Su sed apaga con sangre
De la que á mártires vierte,
Jóven era, cuando á Roma
Llegó encubierto el prudente
Alejandro, papa nuestro,
Que la apostólica sede
Gobernaba, sin tener
Donde tenerla pudiese;
Que como la tiranía
De los gentiles crueles
Su sed apaga con sangre
De la que á mártires vierte,