Apénas me sintió, cuando

Dijo, esforzándose: «Vuelve,

Sangriento homicida mio,

Ni áun este instante me dejes

De vida.—No soy (le dije)

Sino quien acaso viene,

Quizá del cielo guiado,

A valeros en tan fuerte

Ocasion.—Ya que imposible

Es (dijo) el favor que ofrece