Á quien el orbe de zafir previene
Ya soberano asiento,
Como estrella añadida al firmamento:
No con tanta tristeza
Turbes el rosicler de tu belleza.
¿Qué deseas? ¿Qué quieres?
¿Qué envidias? ¿Qué te falta? ¿Tú no eres,
Amada gloria mia,
Reina en Jerusalen? Su monarquía,
En cuanto ciñe el sol, el mar abarca,