De Jerusalen la grande[8],
Fué rüina en un escollo,
Y aquí una tabla á los ayes
Repetidos fué delfin
Enseñado á sus piedades.
¿Quién crêrá que la fortuna,
En un hombre que se vale
De la piedad de un fragmento,
Pudiera hacer otro lance?
Yo lo afirmo, pues yo ví