De tu esposa, no se sabe;

Y en fin, que tus esperanzas

Como el humo se deshacen.

Y ya que de tus desdichas,

Siendo el todo, no soy parte,

Dáles sepulcro á las mias;

Aunque las mias son tales,

Que ellas se harán su sepulcro,

Pues tienen para labrarle

Sangre y acero, y podrán