Dijo, sacando el acero:
«Nadie ha de triunfar primero
De mí que yo mismo: así
Triunfo yo mismo de mí,
Pues yo mismo mato y muero.»
Cleopatra que le seguia,
Viendo que ya agonizaba,
Bañado en su sangre fria,
Cuyo aliento pronunciaba
Más, cuanto ménos decia: