De mi pecho; aunque sospecho
Que no moriré, á despecho
De un áspid, pues en rigor,
No hay áspid como el amor,
Y há dias que está en mi pecho.»
Y él con la sed venenosa
Hidrópicamente bebe,
Cebado en Cleopatra hermosa,
Cristal que exprimió la nieve,
Sangre que vertió la rosa.