Lábrate tú tus designios,

Cuéntate tú tus alientos,

Y vive al fin tantos siglos,

Que este amor y este puñal

Triunfen de muerte y olvido.

Mariene.

Oye, señor, oye, espera;

Que aunque agradezco y estimo

El don que á mis plantas pones,

Ni le acepto ni le admito;