Es que en el jardin no entres,

De cuya puerta la llave

Mi amor te entregó imprudente,

Hasta que una seña mia

Te asegure de Sirene,

Porque quejosa de tí,

Y de mí celosa, suele

Estar en él á deshoras;

¿Cómo, dí, ingrato, pretendes,

Hallándote con la misma