Adonde están los dobleces,

Llamándose unos á otros.

Sé, oh prado, lámina verde,

En que ajustándolos lea.

(Pone los pedazos en el suelo, y júntalos.)

(Lee.) A mi servicio conviene,

A mi honor y á mi respeto,

Que muerto yo, ¡hados crueles!

Deis... ¡con qué temor respiro!

Deis la muerte á Marïene.