Pequeña, último retrete

De la más bella africana

Que vieron jamás mis ojos.

¡Ah! ¡quién supiera pintarla!

Mas no es tiempo de pinturas.

Confusa, al fin, y turbada

De verme, como si fueran

Las cortinas de una cama

De una muralla cortinas,

Detras se esconde y ampara.—