Del Infante, puede ser

Otra espada como ella;

Que no es labor tan extraña,

Que no hay mil que la parezcan.

Y apurando más el caso,

Confieso (¡ay de mí!) que sea

Del Infante, y más confieso,

Que estaba allí, aunque no fuera

Posible dejar de verle;

Mas siéndolo, ¿no pudiera