Entrar. ¡Ay Dios! ¡qué introducido engaño

Es en el mundo, no querer su daño

Examinar un hombre,

Sin que el recelo ni el temor le asombre!

Dice mal quien lo dice;

Que no es posible, no, que un infelice

No llore sus desvelos:

Mintió quien dijo que calló con celos,

O confiéseme aquí que no los siente;

Mas ¡sentir y callar! otra vez miente.