Rey.
Dejadme,
Don Diego.—¿Quién eres, hombre?
Ludov.
Dos confusiones son parte,
Señor, á no responderos: (Descúbrese.)
La una, la humildad que trae
Consigo un pobre oficial,
Para que con reyes hable
(Que ya os conocí en la voz,
Rey.
Dejadme,
Don Diego.—¿Quién eres, hombre?
Ludov.
Dos confusiones son parte,
Señor, á no responderos: (Descúbrese.)
La una, la humildad que trae
Consigo un pobre oficial,
Para que con reyes hable
(Que ya os conocí en la voz,