¡Pluguiera á Dios! y de una vez muriera
Quien de tantas no acierta con su muerte.
»¿Que te olvide pretendes? ¿Cómo puedo
Despreciado olvidar y aborrecido?
¿No ha de quejarse de dolor el labio?
»Quiéreme tú; que si obligado quedo,
Yo olvidaré despues, favorecido;
Que el bien puede olvidarse, no el agravio.»
Sirena.
¿Lloras, leyendo el papel?