Ser cobarde el maldiciente;

Y así ninguno se ha visto

Valiente, que todos hacen

A las espaldas su oficio.

Esta es mi pena, Don Lope,

Y ¡vive Dios! que atrevido,

Que loco y desesperado,

De aquí no me precipito

Al mar, ó con esta espada

Mi propia vida me quito,