Pasando por su calle, aunque de paso
Le quise ver. Con un suspiro entónces,
Que ablandara los mármoles y bronces,
Me preguntó por tí, turbado y ciego.
Encarecíle luego
Tu enojo, y que si acaso tú supieras
Que le habia ido á ver, muerte me dieras;
Y como que salia
De mí, le dije: ¿por qué no venía
Por instantes á darte