Pero dejad que lo diga,

Ya que es el pesar tan necio,

Que repetirle el dolor

Es repetirle el consuelo.

Una noche pues salí

De su casa yo, creyendo

Que para mí solo estaba

El falso postigo abierto

De un jardin, cuando, llegando

A abrirle (¡ay Dios!) por de dentro,