No es posible hallarle, en fin.
D.ª Ana.
Son mis penas, no os espante,
Y bien dicen que son mias.
Pues ellas disponer saben
Tantas falsas apariencias,
Que me culpen y le agravien.
¡Plegue á Dios, señor Don Pedro,
Que él me destruya y me falte,
Si á aquel hombre ví en mi vida,