Inés, por mi gusto no;

Pues no me pudo negar

Que fué donde otra mujer

Le llamaba, y mi placer

Se convirtió en mi pesar.

Yo misma (¡ay de mí!) encendí

El fuego en que triste peno,

Yo conficioné el veneno

Que yo misma me bebí,

Yo misma desperté, yo,