¿Hay tan grande atrevimiento?
D. Juan.
Pero siendo un hombre noble
El que entónces quedó muerto,
Y abriendo con llave, ¿no
Entraba?... Pero no quiero
Pronunciarlo, por no ser
Víbora yo de mi aliento.
Quédate á Dios, que le guarde,
Doña Ana, para otro dueño;