Él, aunque quiso seguirla,

Yo no lo dejé. En efecto,

Las dos quejas repetidas,

Ni las suyas quise oir,

Ni él saber quiso las mias.

Por mostrar que estaba (¡ay cielos!)

Gustosa y entretenida,

(¡Oh cuán á costa del alma,

Marcela, un triste se anima!)

Al mar de Antígola hoy