LISARDO, con MARCELA en los brazos; despues FÉLIX y CALABAZAS.

Lisardo.

No temais, señora, nada;

Que, aunque llaman á esta puerta,

Seguro es quien á ella llama.

Marcela.

Con vos, Lisardo, he de ir;

Que como yo á vuestra casa

Llegue, nada hay que temer,

Si es que ella una vez me ampara.