Tan beatas, y aturdidas;
Y en quedándose en manteo
Es el mirarlas contento;
Pues sin toca y devocion,
Saltan más á cualquier són,
Que una pelota de viento.
Y este discurso doblado
Para otro tiempo, señora,
¿Cómo no habemos agora
En el forastero hablado,