De su furia infernal den testimonios,
Volviéndose inclementes
Docientas mil serpientes,
Que, asiéndome, de un vuelo
Den conmigo de patas en el cielo,
Del mandato oprimidos
De Dios, por justos juicios compelidos;
Si vivir no quisiera sin injurias
En Galicia ó Asturias,
Antes que en esta corte.