En aquestos pestorejos,
Tan descomunal, tan grande,
Que me hace escupir los sesos.
Para tí sólo, señor,
Es el gusto y el provecho,
Para mí el susto y el daño;
Y tiene el duende en efecto,
Para tí mano de lana,
Para mí mano de hierro.
Pues déjame que lo crea;