(Saca la espada.)

Pues aunque te hiera aquí,

No he de poderte ofender.

D.ª Áng.

¡Ay de mí! ¡deten la espada,

Sangriento el brazo deten!

Que no es bien que des la muerte

A una infelice mujer.

Yo confieso que lo soy;

Y aunque es delito el querer,