Ví una mujer de buen aire.

Saludéla cortésmente,

Y ella, ántes que yo pasase,

Por mi nombre me llamó.

Volví en oyendo nombrarme,

Y diciendo á Calabazas

Que con el rocin me aguarde,

Llegué diciendo: «¡Dichoso

El forastero, á quien saben

Su nombre las damas!» Y ella,