Para abrasarse en ella,
Y hallóme á mí por sombra de su estrella.
¿Quién de un galan creyera
Que, buscando sus celos, conociera
Tan contrarios los cielos,
Que ya se contentara con sus celos?
Quiso hablarme, y no pudo;
Que siempre ha sido el sentimiento mudo.
En fin, en tristes voces,
Que mal formadas anegó veloces