Las montañas se estremecen
Y los peñascos caducan.
Aqueste freno de arena,
Que pára á raya la furia
De ese marino caballo,
Siempre argentado de espuma,
Le soltó todas las riendas,
Y él, desbocado, procura,
Corriendo alentado siempre,
No parar cobarde nunca.